miércoles, junio 14, 2006

Showcase de Phoenix en la sala Arena, ahora llamada sala H... Aunque siguen cobrándote sus cervezas a precios de escándalo (cuatro euros una caña en vaso de plástico) y sus camareros no tienen sentido del humor: ni cara de extrañeza siquiera pusieron cuando les pedí cuatro San Miguel.
La entrada era sólo con invitación, pero el reparto fue generoso y el lleno era absoluto para el primer concierto del grupo en Madrid. Muchas caras conocidas -media industria estaba presente, saludándose y mirándose de reojo a la entrada-, y supongo que también muchos ganadores de las entradas regaladas por Radio 3 (salió a presentar el ubicuo TFF).
Tenía muchas ganas de este concierto. Me gustan mucho Phoenix desde su prehistoria, desde que metieron aquel llenapistas -que tanto se bailó en Sonotone- en la recopilación Source Rocks. Sus orígenes versallescos y su/mi relación con la escena de la ciudad palaciega tienen también que ver con mi prematuro interés por el grupo. Luego sus singles han ido marcando grandes momentos de hedonismo nocturno, y el último disco es nuevamente un buen ejemplo de cómo actualizar las enseñanzas de la new wave (o de la nouvelle vague de Téléphone) con ideas prestadas de la cultura de club, melodías imprevisibles y ritmos contagiosos basados en la sencillez.
Pero -mi gozo en un pozo- el sonido de esta sala madrileña es simplemente intolerable: un bombo hinchado como en una vulgar verbena, graves saturados retroalimentándose en una bola que todo lo cubría (¡si hasta la guitarra de la izquierda sonaba como un bajo!), y todos los matices y los brillos de sus pegadizas grabaciones perdidos en una sonorización basta e inaceptable. Una pena.
Quizá lo que me perdió fue acercarme demasiado y bajar frente al escenario (dicen que en las escaleras y en el rellano elevado junto a la barra se escuchaba mejor), pero por lo menos vi de cerca las burradas del batería en los momentos más hard-rock (los más prescindibles, por otra parte: no le pega mucho a Phoenix lo del macho-rock). También me gustaron la camisa del bajista y los pantalones de Thomas Mars, vocalista y nuevo novio de Sofia Coppola. ¡Ya que no se escuchaba bien la música, por lo menos tenía que fijarse uno en los detalles interesantes para mis lectoras!

PD: Aprovecho para recomendar el nuevo disco de Peter Van Poehl, que aunque es sueco lleva toda la vida trabajando para Bertrand Burgalat, y cuyo disco en solitario es una delicia de pop ligero y elegante en la línea de los cuatro de Versalles o de los también deliciosos Tahiti 80.

9 Comments:

At 12:02, Anonymous Aitor said...

Ahora sólo falta que alguien se anime a traerlos de gira. Ya estoy contando los días...

 
At 12:52, Blogger David said...

Se me queda un hilo suelto en esta historia: ¿tenían o no tenían San Miguel en la sala?

 
At 13:02, Blogger joan said...

er... parece que no.

 
At 13:59, Blogger Karpov Shelby said...

El sonido de la sala Heineken es directamente infame... yo lo pienso mucho antes de ir a un concierto a ese local, antes merece la pena comprarse el dvd del grupo que toque y verlo en casa.

Es un sitio maldito para eso que se llama música en vivo.

 
At 14:13, Blogger joan said...

totalmente de acuerdo con karpov. aunque en este caso era gratis, así que valía la pena correr el riesgo :-)

 
At 17:46, Blogger Carolina Pataleta said...

¡El batería no me gustó nada de nada! Vale que el sonido era malo, pero sus porrazos no ayudaban, precisamente. Y el look mosquetero... terrible. Claro, Joan... que tú pones el listón muy alto, chato.

 
At 18:10, Blogger joan said...

¡y vas a ver el viernes, que me tomo la revancha del Sol! :-)

 
At 13:30, Blogger Raquel Márquez said...

Jo, sí que suena mal la sala, sí, a mí creo que no me ha gustado ningún concierto ahí. De hecho no me gustaron los Humbert ni pizca. Menos mal que les he visto alguna que otra vez y sé que son la leche.
Voy a lo importante: no me creo que la Coppola sea hetero después de ver Las vírgenes suicidas, qué jamonas más jachondas y más... ostras, yo también soy bolle.

 
At 18:05, Blogger joan said...

yo creo que a la Cópula le mola tanto la carne como el pescado.

 

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